¡Fumigados!CuartosLa misma historia!

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- 24 de Enero de 2011 -

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El Salvador se despidió de la Copa Centroamericana con un partido gris, en el que perdió por penaltis ante Panamá.

Hay partidos que se juegan por morbo, por querer hacer historia, por un título. Hay partidos que se juegan porque ni modo, porque hay que jugarlos. El de ayer entre Panamá y El Salvador, para definir al tercer lugar de la Copa Centroamericana, fue uno de estos últimos. Canaleros y cuscatlecos jugaron porque ni modo, porque la base de competencia establecía que tenía que haber un juego para sacar un tercer lugar, que al final terminó en manos del anfitrión del torneo en un choque tan gris que ni siquiera la tanda de penaltis la salvó del bostezo y aburrimiento.

El Salvador cerró así un torneo en el que el consuelo –de tontos, de inteligentes, de analistas y comentaristas– fue que se “logró el objetivo” de clasificar a la Copa de Oro. Claro, lograrlo en un campeonato donde participan siete y clasifican cinco representa un reto mayúsculo para una selección a la que habría que comprender. Hace más de un año que se quedó sin técnico y el chip de lo aprendido acabó por oxidarse, fundirse, destruirse.

Todas las señales de identidad que tardaron cuatro años en construirse hasta que finalizó la eliminatoria al mundial Sudáfrica 2010 ahora no son identificables. No se trata de que antes El Salvador fuera el mejor, pero al menos no era tan peor.

Ayer, en el partido por el tercer juego –el choque donde más allá de un puesto estadístico uno no se juega nada– es difícil decir a qué jugó la Azul. No jugó a ganar, porque José Luis Rugamas tampoco quiso apostar a nada en el partido más intrascendente del torneo: siempre con un solo delantero y dos contenciones. Pero tampoco jugó a no perder, porque cuando Panamá –también una gris Panamá, por cierto– empujó para intentar marcar y vencer, la defensa se aplicó y se libró del peligro rojo. Es decir, al final, se jugó a lo que saliera.

Y lo que salió fueron 90 minutos tan aburridos que uno no sabe si será difícil de olvidar, por lo malo; o fácil de olvidar, porque al final el partido no valía de nada. El Salvador no tuvo una sola llegada de peligro clara en todo el encuentro y lo más a lo que llegó fue a una jugada de azar en la que Rafael Burgos quedó solo ante Jaime Penedo y lo venció por bajo, solo para que el árbitro asistente lo anulara por fuera de juego.

Más por inercia que por mérito propio, Panamá también tuvo sus oportunidades en un remate de Blas Pérez que se abrió demasiado sobre el poste izquierdo de la portería de Dagoberto Portillo, y en un par de jugadas de laboratorio en tiros libres, que cogieron mal paradas a la defensa azul.

Por eso es que no sorprende que lo más destacado del partido hayan sido las dos detenciones del mismo producto de un enjambre de abejas en la portería de Dagoberto Portillo —más de uno habrá recordado el juego de la hexagonal contra México, en el estadio Azteca— y que provocaron una fumigación tal que los jugadores prefirieron protegerse tirándose al suelo.

Esas interrupciones solo hicieron el partido —y el aburrimiento— más largo. Hasta 13 minutos duró el tiempo de descuento que dio el árbitro y en el que Panamá volvió a rozar la victoria con un cabezazo de Luis Rentería que Dago sacó a tiro de esquina en una estirada monumental.

Hubiera sido injusto que hubiera un ganador en los 90 minutos. Injusto porque ninguno lo mereció de verdad. Por eso en los penaltis se decidió quién de los dos era menos malo y, en ese enigma, Panamá salió vencedor. Anotó sus cinco lanzamientos, mientras que la Azul solo convirtió cuatro y ahí estuvo absolutamente toda la diferencia entre ambas selecciones en todo el juego: en un penalti.

 Si lo de la eliminatoria a Sudáfrica 2010 era una espina que todavía dolía, después de vencer a El Salvador tres veces consecutivas –el amistoso del año pasado, y dos veces en la Copa Centroamericana– todo apunta a que esa eliminación ya es asunto del pasado.

Total, esa selección salvadoreña también ya es un asunto del pasado. Toca ahora ver hacia el frente y, ya que se consiguió el boleto para la Copa de Oro, comenzar a responder todas las interrogantes que las últimas dos semanas han dejado sobre el combinado salvadoreño.

 ¿Y ahora qué?

Por fútbol, la Copa Centroamericana dejó en evidencia que cuando los futbolistas salvadoreños lo quieren pueden jugar y dar batalla. Quedó demostrado en el duelo de semifinales contra Honduras, en el que merecieron mejor suerte que caer 2-0 y con un tanto en el minuto final de descuento del partido.

El lío es cuando no quieren. Para evitar que no quieran el problema está en la cabeza. La del jugador y la de quien lo dirige. Y en el torneo regional, el cuerpo técnico de la selección demostró no estar a la altura del cargo. Los triunfos sobre Belice y Nicaragua fueron más producto de la inercia, la misma inercia por la que Panamá venció ayer a El Salvador. Es lo lógico cuando juegan dos equipos de niveles diferentes.

En la Copa de Oro la historia será diferente. Quedan prácticamente cuatro meses para la realización de la misma y el tiempo perdido –en la contratación de un nuevo técnico, en conseguir fogueos, en poner orden en todo lo relacionado a selecciones – luego se lamentará.

Porque en la Copa de Oro ya no hay Nicaraguas ni Belices. Ahí los rivales no son “cenicientas” ni equipos “B” sino que juegan con todos sus foráneos, esos mismos que El Salvador exportó a la MLS y luego regresaron por que no rindieron lo que se esperaba de ellos.

Esa será la oportunidad para que Arturo Álvarez anote su primer gol con la Azul, tras fallar un penalti ante Nicaragua y fallar ayer también el que acabó dando el tercer lugar a Panamá.

Será la oportunidad para que Jaime Alas, Léster Blanco y otro puñado de jóvenes puedan disputar su primer torneo de este tipo.

Será la oportunidad para que los que ya pueden ser considerados “veteranos” dentro de esta Azul demuestren de una vez por todas que lucen con responsabilidad la elástica del combinado.

Faltan cuatro meses para eso. De momento, una nueva Copa Centroamericana ha terminado, un nuevo cuarto puesto se ha ganado (?). Ahora, con el boleto seguro y con una fecha FIFA a la vista –el 9 de febrero, en la que ya está seguro un amistoso contra Haití– toca resolver las preguntas que durante demasiado tiempo ya quedaron guardadas.

Porque cuando llegue junio será momento de jugar partidos que no serán porque ni modo. Esos juegos serán por puntos, por honor, por hacer historia.